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martes, 1 de enero de 2013

CUBA: IMPOSIBLE REVOLUCIÓN SIN JUVENTUD Y JUVENTUD SIN REVOLUCIÓN

(Radio Cubana).- Revolución y juventud deberían ser sinónimos, no por puro capricho sino por la esencia misma de ambos vocablos, y porque resulta bastante difícil imaginar la una sin la otra. Al menos para los cubanos es así, pues el protagonismo de la juventud en los 54 años de Revolución es innegable.
Fueron los jóvenes quienes asumieron el gran reto de alfabetizar en apenas un año a los más de 2 800 hombres y mujeres que antes del 1ro. de enero de 1959 vivían en la plena ignorancia. Fueron también ellos los que estuvieron en primera fila cuando un grupo de mercenarios imperialistas intentó banalmente doblegar por la fuerza a los cubanos. Eran jóvenes aquellos que imbuidos por la tradición de lucha de su pueblo fueron hasta tierras angolanas a acabar con el régimen del apartheid.
La lista podría ser interminable, pero tal vez algún lector suspicaz llegaría a pensar que es fácil hablar desde la distancia, más cuando los tiempos de entonces no se asemejan en nada a los de ahora. Pero no por gusto siempre se ha dicho que los jóvenes se parecen más a su época que a sus padres.
Si bien es cierto que las batallas de la juventud de hoy son pacíficas y hasta menos sacrificadas; vivir y persistir en una Cuba con una situación económica y financiera difícil por las insuficiencias internas, sobre todo en el sector productivo, bloqueada por la mayor potencia del mundo (EE:UU), y en medio de una crisis económica global, no parece poca cosa.
No se trata de reconocer a la juventud de ahora por el “esfuerzo sobrehumano” que ha tenido que hacer para sobrevivir en una sociedad que llegó a consumir más de lo que producía. Eso sería un completo absurdo; lo que nadie podrá quitarle a estos jóvenes es ese deseo, esas ansias de preservar su Revolución, aun cuando les ha tocado vivir los años más complejos de ese auténtico proceso.
Y para nada es esa una exageración.
Quienes tienen hoy entre 18 y 30 años ni sufrieron el capitalismo en carne propia como para renegar de él así no más, por honor a quienes dieron lo más valioso de sí por su derrota; ni conocieron el “socialismo abundante de los ´80”. Por el contrario, nacieron cuando en Cuba estudiar casi más que un derecho es un deber, cuando una consulta médica es parte de la rutina diaria de cualquier ciudadano; pero también cuando ha sido inevitable importar la cultura mercantilista de otras sociedades altamente industrializadas. 
Sin embargo, los jóvenes de ahora tienen bien claro ese sentido del deber histórico del que habla Fidel en su concepto de Revolución, y se han creído bien en serio y no como una falsa consigna, eso de que el futuro les pertenece; convencidos, claro, de que la única vía posible es la del Socialismo, sin renegar la posibilidad de cambiar todo lo que deba ser cambiado.
Basta ser parte de esa enorme masa para estar tan convencido de ello.
El actual proceso que hace poco más de un año vive Cuba, es una muestra fehaciente de la alta responsabilidad que le toca a asumir a la juventud de estos tiempos. Perfeccionar la economía cubana a partir de políticas que de antaño eran insospechadas, como la ampliación del trabajo por cuenta propia y por ende del sector no estatal, no constituye únicamente una medida operativa, sino que también implica un cambio de concepción.
Y allí los jóvenes, por esa capacidad de aceptar con más desprejuicio que cualquiera una transformación, juegan un rol esencial: en protagonizar el llamado de la dirección del país a cambiar mentalidades. Porque, como diría el máximo líder de la Revolución Cubana:
“¿Qué juventud queremos? ¿Queremos, acaso, una juventud que simplemente se concrete a oír y a repetir? ¡No! Queremos una juventud que piense. ¿Una juventud, acaso, que sea revolucionaria por imitarnos a nosotros? ¡No!, sino una juventud que aprenda por sí misma a ser revolucionaria, una juventud que se convenza a sí misma, una juventud que desarrolle plenamente su pensamiento”.
Ya ha hecho su entrada triunfal entre nosotros el 2013, y con él el aniversario 54 de la epopeya redentora de aquel enero, esa que nació de la rebeldía de jóvenes y a más de cinco décadas tiene en ellos a una fuerza que es su principal protagonista. Juventud y Revolución más que nada, son inseparables.