(ALBA Movimientos).-El 28 de junio de 2009 el presidente hondureño Manuel Zelaya fue secuestrado, detenido y expulsado a Costa Rica. Se consumaba el golpe de Estado que abría el ciclo de la contraofensiva conservadora en América Latina.
El argumento formal esgrimido por los golpistas fue que Zelaya pretendía impulsar una consulta popular para convocar a una Asamblea Constituyente, lo cual fue rechazado por el Congreso mediante la sanción de una ley. Con ese pretexto acusaron al jefe de Estado de estar violando la Constitución hondureña.
Sin embargo, el trasfondo político de los hechos fue el acercamiento de Tegucigalpa a los gobiernos populares y de izquierda de Nuestra América. Durante su gobierno, Zelaya, quien inició su mandato en enero de 2006, se adhirió a la iniciativa Petrocaribe, a la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA); apoyó a Cuba y al gobierno del entonces presidente de Bolivia, Evo Morales. También había propuesto una consulta no vincuante para dar inicio a una Asamblea Nacional Constituyente.
El gobierno yanqui de Barack Obama, continuando con la tradición, fue clave la cobertura y apoyo de los golpistas, con un rol determinante del Departamento de Estado -a cargo de Hillary Clinton, y hasta hubo participación directa de algunos militares de EE.UU.
A partir de allí la censura, la persecución y el asesinato de dirigentes políticos, sindicales y sociales se convirtió en una constante. Incluso a pesar del ropaje “democrático” con el que se intentó camuflar el autoritarismo durante los años siguientes, en los cuales se realizaron elecciones fraudulentas y con proscripción.
El crimen de Berta Cáceres a comienzos de 2016 fue uno de los puntos más críticos de esta situación. La ofensiva contra los pueblos indígenas, los movimientos de defensa del medio ambiente, los sindicatos y los movimientos populares estuvieron a la orden del día con el objetivo de beneficiar a empresas multinacionales y a la elite local, corrupta y subordinada al imperio.
La destitución de Zelaya inauguró la etapa de los golpes blandos, institucionales, parlamentarios continuarían con el de Paraguay, el de Brasil y el reciente de Bolivia.
El golpe de 2009 inauguró esta estrategia imperialista en la región para dar un escarmiento, una señal y avanzar desde el ala mediática, judicial y militar contra los Gobiernos y movimientos sociales no alineados a la hegemonía imperialista.
A 11 años del golpe contra Zelaya, Honduras se encuentra con más de 60 por ciento de los casi 9.5 millones de habitantes en Honduras en la pobreza, con un éxodo masivo de personas, con asesinato y encarcelamiento de periodistas y con un gobierno de facto que reprime cada protesta popular.
Aún así, el pueblo hondureño no ha dejado de luchar ni un minuto en contra de la injusticia, la opresión y la desigualdad. Más temprano que tarde daremos vuelta la historia en Honduras y en Nuestra América toda.


