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miércoles, 15 de abril de 2020

VOLVER LA VISTA AL CAMPO

“Voy a seguir trabajando para que la Zona de Reserva Campesina del Catatumbo sea una realidad”, afirma Elizabeth Pavón presidenta de ASCAMCAT.

(prensarural.org).- Catatumbo… tu propio nombre deja entrever que no hace tanto tiempo tu tierra fue tumba de demasiada gente. Pero eso te ha fortalecido; tus cultivos, tu tierra, tus trochas y como no tu gente emanan vida y resistencia por cada rama, hueco y poro. Y así lo demuestra la organización ASCAMCAT con su actualización del Plan de Desarrollo Sostenible.
El taller (que se enmarca en la Sentencia T-052 que vincula a ASCAMCAT y el Pueblo Bari para resolver los conflictos territoriales de la región) se celebró los días 14 y 15 de marzo de la mano de la organización campesina del territorio ASCAMCAT, la Agencia Nacional de Tierras y con la facilitación del Instituto de Estudios Interculturales de la Pontificia Universidad Javierana.
Llevaban tiempo esperando a que se reactivaran, ya que la complicada situación de la región en los últimos meses había imposibilitado la realización de los talleres (violencia electoral en 2019, dos paros armados), y la casualidad quiso que la primera de esta tanda se hiciera en La Gabarra, casco urbano por el que los paramilitares entraron a la región en 1999 dejando todo un rastro de masacres con decenas de muertos y desplazados, siguiendo toda una política de terror. Esta vez también fue La Gabarra quien dio el pistoletazo de salida, pero para trabajar por la tenencia de la tierra y la permanencia en el territorio con la Zona de Reserva Campesina del Catatumbo “una iniciativa agraria para la construcción de Paz y una figura de ordenamiento territorial que busca contribuir al reconocimiento del campesino como sujeto político de derechos y promoción de los derechos del campesinado.”, como expusieron líderes de la organización.
Entendiendo la época en la que se encuentran y todo el movimiento feminista que se está llevado a cabo, gran parte de la actualización estuvo dirigida a darle un enfoque de género al Plan de Desarrollo Sostenible, ya que como dijeron las propias catatumberas “años atrás estos escenarios eran solo de hombres, pero mírenos ahora, casi la mitad de asistentes somos mujeres, levantando la mano, participando, haciéndonos oír”. Mujeres que han pasado de ser entendidas como meras campesinas a ser consideradas como “berracas, valientes, guerreras, inteligentes, emprendedoras, defensoras de vida, admirables” y un largo etcétera de adjetivos con los que ellas se sienten identificadas como dijeron las participantes del taller.
Todos los asistentes coincidían en sus sueños de futuro, “un territorio en paz, con educación y economía campesina”, pero sienten que “el Estado quiere aburrir al campesino y se quiere quedar con su tierra para meter los proyectos que ellos quieran”, que por lo general suelen implicar un extractivismo de la tierra por parte de las multinacionales en la que ni los campesinos ni el territorio salen beneficiados. Es por ello que ven a la Zona de Reserva Campesina como la vía para “fortalecer la economía campesina el arraigo cultural, social y económico de las propias formas de vivir del campesinado Catatumbero”.
Por eso desde ASCAMCAT definen la unidad de la comunidad como respuesta a todas las dificultades ya que “las amenazas son graves, y tenemos que ver al de al lado aunque sea de diferente ideología, color o género como aliada, como compañera porque juntas construimos paz”, explican los integrantes de la asociación.
En la lucha constante por una vida digna la comunidad sabe cuáles son los obstáculos a los que se enfrenta como; la concentración e informalidad de tierras, la degradación del suelo y la deforestación, la expansión de los cultivos de coca y de palma o una mala gestión de residuos. Y en su afán por superarlos tras trabajar conjuntamente en el taller salieron propuestas como: recolectar y separar residuos de manera individual y colectivamente, para venderlos posteriormente, generar conciencia, asumir responsabilidades en las Juntas de Acción Comunal y crear un plan de gestión de residuos sólidos.
Respecto a la deforestación, se propusieron varios proyectos de reforestación, reducción de la tala de bosques y de la contaminación de los recursos hídricos y fortalecer la iniciativa de control de fuentes hídricas.
Otras de las propuestas que surgieron para solucionar los problemas de la economía ilícita fue priorizar cultivos alternativos a la coca y a la palma como yuca, plátano… fortaleciendo así el sistema productivo, y con la que los participantes se sentían muy motivados; la creación de una cooperativa agrícola para que el campesinado pueda asociarse y potenciar así la comercialización.
Aunque se mostraban motivados y con ganas de comenzar con todo lo propuesto todos coincidían en que si el gobierno estuviera cumpliendo con su parte de los Acuerdos de Paz de La Habana, no sería tan necesario que ellos adoptasen estas medidas ya que debería ser el Estado quien las proporcionara.
Este evento que a día de hoy parece lejano, se produjo antes de que la crisis del COVID-19 llegase a Colombia, un país que recordemos no tiene las infraestructuras necesarias para hacer frente a una pandemia como esta, con la privatización de la sanidad, la falta de agua en muchas comunidades… Y si “la pandemia desnuda todas las contradicciones de una sociedad, dejando todas las heridas al aire” [1] imaginemos las afectaciones que podría tener en un territorio en el que esas heridas ya están abiertas y sangrando.