«Ponemos a disposición de los pueblos nuestro conocimiento en defensa de esta urgente soberanía de la salud que todo el planeta necesita»
Saludamos sus vidas, abrazamos sus caminos. Ponemos en el centro el amor profundo en comunidad, en relación con la tierra y en territorialidad y les entregamos este mensaje coral, mensaje de mandala, de aliento e inspiración, como una semilla de reconocimiento de la vida: necesitamos elevar el sistema inmunológico de la madre tierra.
Una vez más los países del capital han traído a nuestra tierra la muerte contagiosa. No es la primera pandemia que nos alcanza, producida por un hacer tóxico, irresponsable e irrespetuoso. ¡El virus es el sistema capitalista, racista y patriarcal que destruye la vida! Y aun así, aquí estamos, vivas, sanando, denunciando, en pie. Hemos atravesado la historia. Sabemos manejar los hilos del entramado de la vida, hilos de resiliencia, resistencia y reconocimiento de los saberes de nuestras ancestras. Y aquí llegamos hoy para recordarles que somos pueblos de amor, de creatividad que germina, y que nos necesitan más que nunca.
Nosotras y los pueblos empobrecidos no somos parte de la humanidad que ha llevado a la naturaleza a este lugar, los pueblos originarios no somos los causantes de esta pandemia. El agua que ustedes utilizan procede de los ríos que amamos, su medicina de las plantas que cultivamos, sus alimentos de las semillas que conservamos. Hemos sido saqueadas y atacadas, nos siguen matando, oprimiendo impunemente, las empresas extractivas siguen dañando nuestros territorios… Pero si hoy señalamos nuestra herida una vez más es para recordarles que es nuestra vulnerabilidad la que les hace a ustedes tambalear. Porque tú eres yo y yo soy tú sabemos que el destino de los seres más frágiles es el destino de todas. Yo soy tú, tú eres yo, un vocablo ancestral en nuestros territorios que en maya se dice Tzk’at (reciprocidad y complementariedad) y en garífuna Aura buni, Amurü nuni (yo para ti y tú para mí). Por eso, convencidas que nuestros pulmones son también los de la pacha mama, les anunciamos que estamos resistiendo con toda nuestra alegría, energía y rabia, sin sentirnos culpables, porque nuestro compromiso con la vida es universal.
Los pueblos originarios estamos distribuidos por todo el planeta, como nudos de una red que hoy se tensa. Muchas de nuestras defensoras están en las tierras de ustedes, exiliadas, migradas, perseguidas, empobrecidas y, aun así, territorializando, incluyendo en su defensa los barrios y las casas en las que estamos confinadas. Ni paradas ni calladas, allí donde estamos ponemos la vida en el centro desde el minuto cero porque el cuidado es político. Ante esta crisis resignificamos el valor del conocimiento ancestral y del cuidado comunitario y afirmamos que la soberanía alimentaria y de la salud es el único camino revitalizador.
Porque amamos a la madre tierra honramos el legado de nuestras ancestras. Sus voces nos transmiten la identidad, la cultura y el saber, por eso priorizamos la protección de las personas mayores de nuestras comunidades. Este momento es una oportunidad maravillosa para recuperar y fortalecer los saberes ancestrales de nuestros pueblos y, además, para reconocer que sabemos organizarnos. En el pueblo Garífuna, por ejemplo, han creado centros autónomos de salud para controlar la enfermedad y buscar soluciones que centran la atención en los mayores y pasan por rondas de verificación de vida en las comunidades, ollas comunes, localizar a enfermos y enfermas para crear una cadena de cuidados, purificar el agua en aquellas casas a las que se les negó el acceso a las fuentes, recuperar el uso de nuestras plantas medicinales… Comienzan a estar fuera de peligro las primeras ancianas con coronavirus tratadas con sus hierbas y tomas. Nuestra concepción holística de la salud nos está obligando a que el trabajo comunitario resignifique políticamente el autocuidado individual y el colectivo.
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