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viernes, 16 de noviembre de 2012

PUERTO RICO: ¿UN GOBIERNO PARA QUÍEN?

(Indymedia Puerto Rico).- El Partido Popular Democrático (PPD) resultó ganador de las elecciones pasadas en Puerto Rico. Su candidato a gobernador, Alejandro García Padilla, venció al actual gobernador Luis Fortuño, del Partido Nuevo Progresista, por cerca 13 mil votos. En municipios como San Juan, el PPD logró arrebatarle importantes nichos electorales al PNP.

En el plebiscito sobre estatus, sin embargo, la estadidad obtuvo 61 por ciento para resultar ganadora, mientras el No a la colonia obtuvo el 54% de los votos.

Pero debajo de los números y las estadísticas, la realidad de vida de la mayoría trabajadora y pobre de Puerto Rico resultará la gran perdedora. Su situación no cambiará positivamente en nada, y si no se organiza y combate, empeorará.

La perspectiva del nuevo gobierno de García Padilla, tras la resaca y las fanfarrias electorales, no se distanciarán del camino que Fortuño y los gobiernos anteriores han trazado: aumentar las riquezas de los poderosos mediante el empeoramiento general de las condiciones de vida de los pobres y trabajadores/as. Para que eso cambie, habrá que organizarse y luchar.

¿El menos malo?

García Padilla venció al actual gobernador con la estrategia de “voten por mí para que no gane Fortuño.” En algunas presentaciones públicas, Padilla aseguró que “la mejor manera de sacar a Fortuño” era votando por él. Su falta de liderato y carisma le dan validez a los que aseguran que ha sido un candidato creado por algunos medios como el diario El Nuevo Día, quien lo ha respaldado desde el inicio.

No es extraño que la campaña del PPD fuera anti-Fortuño, pues el gobernador PNP implantó un impopular plan de privatización y recorte de derechos. En su primer año, Fortuño despidió 30 mil trabajadores públicos al implementar la Ley 7.

Su gobierno creó leyes para facilitar la explotación y mal uso de tierras, para proteger a los constructores y para reducir los salarios. En el Partido Republicano en EEUU se le admira por gobernar a lo Reagan en los años 80. Medios influyentes como el Wall Street Journal apoyaron su candidatura e hicieron visible el respaldo de los bonistas.

Fortuño fue el político perfecto de una clase económica que continúa enriqueciéndose durante la crisis mientras empeora las condiciones de vida de la gente. La misma dinámica en el sector público como en el privado.

El plan de “más de lo mismo”

La campaña electoral de García Padilla fue vergonzosa. Pudo haber sido la de cualquier candidato republicano en Estados Unidos. En septiembre, Alejandro García Padilla dejó claro que se oponía al matrimonio gay. No quiso comprometerse ni siquiera con las uniones de hecho, aunque también dijo que todos deberían tener los mismos derechos. Durante la ronda de preguntas, defendió insistentemente el matrimonio como la “unión de entre un hombre y una mujer.” En asuntos como los derechos de la comunidad LGBTTIQ, ambos partidos comparten la misma dosis de homofobia.

En seguridad, su plan de uso “inteligente de la Guardia Nacional” es un nombre que disfraza la militarización de las costas, y eventualmente las calles. Las estrategias de “Mano Dura”, con diversos nombres, han mostrado su fracaso desde su versión original en los 1990 bajo el gobierno de Pedro Roselló y Pedro Toledo. Este último, Superintendente de la Policía bajo gobiernos tanto penepés como populares. El resto de la receta es antigua: mayores sistemas de vigilancias y control, más policías y el enfoque represivo en los arrestos. El bipartidismo en el poder administra las mismas políticas una y otra vez.

Su plan económico habla de incentivos y de conexiones con las mismas industrias que son responsables del saqueo a las finanzas públicas. Las mismas que se benefician de las ya existentes exenciones contributivas. Las empresas estadounidenses que se llevan más de $35 mil millones de dólares todos los años.

En su programa de gobierno García Padilla promete ser un administrador efectivo:

Nuestro gobierno pondrá en marcha una nueva institucionalidad económica con incentivos claros, coherentes y estables para estimular el crecimiento y respaldará la formación de recursos humanos adiestrados para las carreras y destrezas que requiere la nueva economía. Mediante una política renovada de ciencia y tecnología para el desarrollo y la vinculación efectiva con el sistema universitario, se fomentará el desarrollo de encadenamientos productivos en torno a las ventajas comparativas de nuestro país. Fortaleceremos los instrumentos públicos de apoyo financiero a las etapas tempranas de la inversión privada, perfeccionando y ampliando programas de incubación de negocios tecnológicos y de capital semilla y de riesgo. De igual manera, para poder crecer más y mejor, Puerto Rico deberá potenciar fuertemente sus pequeñas y medianas empresas (PYMES) existentes y también nuevas empresas, creadas por los emprendedores, que con nuevas ideas y productos aumentan la competitividad del país.

Un administrador efectivo de la misma política. Los incentivos industriales actuales aumentan las ganancias de empresas multimillonarias como Pfizer, Amgen o Microsoft, mientras debilitan las finanzas públicas al no pagar suficiente. “Incentivos claros” no implican mejores recaudas estatales, ni si quiera el buen uso de los recursos públicos. Además, se deja claro el servilismo ciego que debe seguir la educación universitaria como apéndice del “encadenamiento productivo.”

Su comité de transición ya perfila las mismas características del gobierno de Fortuño, un grupo dirigido por empresarios, ingenieros y abogados, algunos de ellos vinculados a las pasadas administraciones populares. Nada nuevo en un programa de promesas gastadas.

Los resultados

Seis partidos políticos por primera vez en nuestra historia. Dos de ellos por primera vez, y la segunda elección del Partido Puertorriqueños Por Puerto Rico, PPR. Sin duda un reflejo del descontento de Los resultados electorales reflejan, en última instancia, la continuidad del bipartidismo. Ninguno de los partidos emergentes obtuvo los resultados esperados, quedándose todas por debajo del 1%. Ni siquiera el PIP logró la reinscripción electoral, aunque su candidata María del Lourdes Santiago logró un puesto en el Senado.

La organización nueva más interesante lo fue el Partido del Pueblo Trabajador (PPT). Sus candidatos provienen en su mayoría de la izquierda socialista. Su candidato a la gobernación, el profesor Rafael Bernabe, es un reconocido activista social y militante del Movimiento al Socialismo. De hecho, es el MAS el grupo principal que impulsa la creación del PPT en un inicio.

El PPT no se posiciona sobre el status y plantea que el asunto principal es la justicia social. Tenía como objetivo la inscripción electoral, pero sacó apenas 17 mil votos, y necesitaba más de 60 mil. Su base social real es escasa, y ahora falta ver qué tipo de organización política será después de las elecciones.

En los debates a la gobernación, Bernabe fue efectivo en crear debate sobre la legalización de la marihuana y el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Nuestro proyecto político, la OSI, se está construyendo entre la juventud de clase trabajadora y en algunas universidades por el momento fuera de la participación electoral. Una de las cosas que debe cambiar en la cultura política local es el acondicionamiento al proceso político electoral. Superarlo para potenciar la cultura de lucha, organización y autogestión. Le llamamos Circo Electoral por algo. Hay mucha gente que le interesa la participación política de otras maneras, aunque voten. Por eso nos preguntamos qué organización construir para qué luchas presentes y futuras.

La abstención electoral aumentó por tercer cuatrienio consecutivo, reflejando el desencanto con el sistema electoral actual. Algunas organizaciones de la izquierda radical como la Organización Socialista Internacional, publicadora de Socialismo Internacional, y el Movimiento Socialista de Trabajadores, abogaron por la abstención electoral como la mejor manera de reforzar una perspectiva de lucha y organización independiente frente a los cuatro años de ataque patronal que se avecinan.

¿Será Puerto Rico el Estado 51?

El resultado que más interrogantes está causando tanto en Puerto Rico como afuera es el 61% que sacó la estadidad en el referéndum sobre status. Se trata del cuarto plebiscito en la historia de Puerto Rico (1967, 1993, 1998), pero el primero en dar como vencedor a la estadidad. Los defensores de la estadidad argumentan que con la mayoría de 61% el Congreso de Estados Unidos debe discutir cómo convertir a Puerto Rico en el Estado 51. La realidad apunta en otra dirección.
El plebiscito consistía de dos preguntas diferentes. La primera preguntaba si los puertorriqueños querían o no quedarse en el status colonial actual, el Estado Libre Asociado. La segunda preguntaba la preferencia de status, entre la estadidad, la independencia y la libre asociación o ELA soberano.

En la primera pregunta, casi 54% de los votantes rechazaron la situación actual. Pero cuando contamos también a aquellos votantes que dejaron la segunda pregunta en blanco, en realidad solo el 45% de los votantes favorecieron la estadidad. Otro importante 24% favoreció la libre asociación ( ELA soberano) mientras la independencia fue favorecida por el 4 por ciento.
No es la primera vez que el PNP intenta crear una mayoría artificial para crear la impresión de que los puertorriqueños/as favorecen abrumadoramente la estadidad. En el plebiscito de 1998, la definición de ELA redactada por el PNP fue rechazada por el liderato del PPD. En aquella ocasión, el PPD pidió un voto a favor de Ninguna de las anteriores, prevaleciendo por más de la mitad de los votos.

El presidente de Estados Unidos, Barak Obama, aseguró el año pasado en una visita a la isla que el Congreso tomaría acción si había una clara mayoría en los resultados. Como aseguró a ABCNews la profesora de Rutgers University en New Jersey, Yarimar Bonilla, “nada saldrá de este proceso. No hay consenso. Tú tienes a una población dividida. No hay forma de que Obama pueda decir que los puertorriqueños han hablado con una sola voz a favor de algo claro.”

Para el independentismo puertorriqueño el asunto es más grave. El tradicional Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) hace décadas que renunció a la idea de que la independencia vendría de un proceso de liberación de los propios puertorriqueños/as. Por el contrario, el PIP asegura que la independencia llegará vía una negociación con el Congreso de Estados Unidos una vez ese cuerpo rechace definitivamente la alternativa de la estadidad. Con su estrategia, el PIP ha cooperado con el PNP en su intento de proyectar una mayoría a favor de la estadidad. Para el PIP, el voto importante fue el 54% que dijo No a la colonia. Estados Unidos, por otro lado, ha dado indicios de estar dispuesto a modificar las relaciones coloniales con Puerto Rico.

Para los/as socialistas, la liberación nacional está atada a la liberación económica de las clases bajas en su lucha contra el capitalismo y la colonia. Aseguramos que la lucha por la independencia se fortalecerá cuando sea lucha por el socialismo. La independencia para Puerto Rico se logrará cuando la mayoría de los/as puertorriqueños/as de clase trabajadora identifique en la independencia la única forma posible de garantizar en la isla un estado de los trabajadores/as y el resto de los sectores oprimidos. En cualquier caso, solucionar el problema colonial debe ser un asunto de los/as puertorriqueños, no de los/as congresistas estadounidense.

Así las cosas, el gobierno de Alejandro García Padilla y el PPD enfrentará la peor crisis económica de la historia de Puerto Rico. Con todavía más de la mitad de la población bajo los niveles de pobreza, y las tasas de criminalidad y empobrecimiento en aumento, la situación podría ser bastante inestable para el nuevo gobierno. Pocas personas confían realmente que el nuevo gobierno PPD pueda sacar a Puerto Rico del ciclo de la economía hacia afuera y los pocos empleos. En la última década, cerca de medio millón de puertorriqueños/as abandonaron la isla, mientras la tasa de natalidad se ha reducido también. Más puertorriqueños/as viven hoy en EEUU que en Puerto Rico.

La izquierda radical tiene el reto de ofrecer una alternativa de organización, lucha y poder al PPD. Durante los próximos cuatro años debemos retar la idea de que la crisis es de todos/as, por el contrario, la crisis la crearon las empresas, banqueros y bonistas. Tienen que pagar los ricos. Debemos retar la confianza que muchos de los sectores sociales tendrán en el PPD como la mejor manera de aumentar la independencia de clase de los sectores populares. Finalmente, será indispensable fortalecer las organizaciones sociales, sindicales y políticas de lucha para cimentar la construcción de un verdadero instrumento político de los trabajadores y trabajadoras en la isla.